Categoria: Patrimonio
Lo recuerdo bien. Era una monótona tarde de agosto, de tiempo
inestable. Las lluvias sucedían al sol, y el frío al viento. Pocas
personas se veían en las anegadas calles de Quellón.
Me llamó la atención su caminar descalzo. Nadie transita así por
el centro de un pueblo, y menos luego de la lluvia; seguro no estaba
en sus cabales. Otro aspecto llamativo era un tatuaje de serpiente
que reptaba por su cuello para mostrar su bífida lengua cerca de su
mandíbula. Caminaba acelerado, como si en algún lado le aguardaran
o algo le apremiara. Pasó indiferente por mi lado, fumando a grandes
bocanadas, como he visto hacer a los esquizofrénicos. Se detuvo más
allá para regresar y situarse a escasos metros de mí.
